Todos Fallamos

Es imposible quedarse indiferente ante los testimonios contra Carlos Müller. Llaman la atención aquellos relatos que hablan de cómo el fotógrafo ofrecía entradas e incluso a algunos los hacía pasar a camarines. Estas historias de abuso a menores de edad que en la forma es sexual -pero que en el fondo es de poder- son el ejemplo más crudo de la desprotección que sufre el público de la música chilena, al que los mismos trabajadores de “la escena” le hemos fallado una y otra vez. 

¿Quién es ésta que viene a decir eso con tanta propiedad? Soy periodista y productora. Pongámosle que empecé en el 2012, haciendo mi práctica en Quemasucabeza, luego me independicé y acá estoy. Ya son ocho años en eventos musicales de todo tipo, desde alguna multicancha hasta el Festival de Viña. Entre tanto show aprendes cómo es el trabajo en su totalidad, mucho más allá de la función concreta que te toque hacer, se afina el ojo y se distingue fácil quién es quién en el camarín: las parejas, los papás, el típico amigo que arrasa con el catering. Casi siempre es gente conocida, del círculo de la banda. De repente se mete un fan y ahí es donde no hemos puesto la suficiente atención: ¿con quién anda? ¿quién del equipo lo dejó entrar? ¿viene por una foto y un disco firmado y después se va, verdad? 

No es de mala onda, es por saber. Debemos tener claro que quienes vienen a ver los shows están a merced de más peligros de los que creemos. En pleno concierto puede que alguien del mismo público manosee, puntee o se masturbe y les acabe encima. Y, según estamos viendo, incluso algún compañero nuestro puede ser peligroso, muy peligroso. El panorama se pone más triste al recordar que en un contexto de concierto, esas víctimas no tienen a quién acudir. Ante la pregunta de qué hacer, el staff de la banda no sabe, o no contesta.

Qué distinto sería todo si nuestras salas de concierto tuvieran protocolos. En noviembre del 2019 y en plena revuelta, junto a mis buenas amigas de Red Muchacha tratamos de instalar el inexplorado tema del público en un cabildo de la música indie donde había de todo: amigues músicos, managers, periodistas, técnicos… incluso funados por acoso/abuso sexual y violencias varias. Y no lo dejamos pasar: lo dijimos y reclamamos no solo por su presencia, sino por las pésimas condiciones que hemos creado para nosotros mismos, en especial para las mujeres, donde viajar con una banda puede significar volver violada. Claramente, para el registro quedamos como “las locas culiás”. Como queda cualquier mujer que defiende sus ideas, no más. En fin. En nuestras pegas musicales también hemos sido objeto de los peores tratos, pero ahora no se trata de nosotras. Sigamos.

Fuera de lo rico que se siente poner unos puntos sobre unas íes, fue amargo ese encuentro, porque nos quedamos con la idea de que no hemos sido capaces de proteger al público, a la poca gente que va a los conciertos. El trabajo en la música no da garantías de seguridad a sus propias trabajadoras y menos a las y los seguidores, lo que ha quedado demostrado en montones de ocasiones. ¡Hasta en Lollapalooza pasó!

Quizás esperan que siga viendo el show como si nada hubiera pasado. Seguro creen que la música se vacila igual, sintiéndote violentada y vulnerable y aunque tengas la polera mojada con el semen de un desconocido al que no le importa nada. ¿Te choca leerlo? Imagínate vivirlo.

A ellos les fallamos y les fallamos todos los que estamos metidos en esto, en diferente medida claro está, pero nadie está fuera, ni siquiera yo. No escribo arriba del pony moral, sino con la pena y el asco de tener que llegar a este punto para ver lo urgente que es hablar en serio del ambiente que hemos creado, donde esperamos que el o la fan ponga la plata y los likes, pero a la hora de los quiubos está abandonado a su suerte.

En los intentos por pedir la implementación de un protocolo de seguridad para los asistentes a conciertos, la audiencia de músicos o productores se divide entre los que miran para el lado o los que se las saben todas y te dicen que obvio que sacarían al acosador a patadas, como si eso resolviera el problema. ¿Y la contención a la víctima? Silencio. Quizás esperan que siga viendo el show como si nada hubiera pasado. Seguro creen que la música se vacila igual, sintiéndote violentada y vulnerable y aunque tengas la polera mojada con el semen de un desconocido al que no le importa nada. ¿Te choca leerlo? Imagínate vivirlo.

Cuesta plantear la autocrítica en el ambiente de la música. Hay gente muy a la defensiva, que se toma cualquier “pero” a la personal. En parte se entiende: llevamos tanto precarizados que las reuniones del sector son más bien juntas para felicitarse y tienen más de terapia grupal que de “asamblea resolutiva”. Pero resulta que hemos estado tan ocupados hablando de nuestros problemas y de cuánto sacrificamos por estar en los escenarios, que nos olvidamos de lo más importante: el cuidado de quienes trabajan y quienes escuchan la música, que justamente son quienes mueven esta mal llamada “industria”.

He visto y he vivido mucha desconsideración en las decenas de trabajos musicales que he hecho. La mayoría de las veces no son de mala intención, es simple desconocimiento de cómo funciona un equipo de trabajo; te convocan sin saber muy bien para qué, ni qué pueden pedirte o esperar de ti. Por otro lado, pasa mucho en trabajos rotativos, como los de periodistas o fotógrafos que solo los ves para los conciertos. No sabemos mucho del otro, cómo llegó acá, sus motivaciones, algo de su día a día. Caras vemos, a quién invitan al departamento a hacer qué, no sabemos. Inevitablemente hay un espacio íntimo al que uno como colega no puede acceder. Pero al camarín sí, y sin importar el rol, todas las personas que estamos tras el escenario tenemos el deber de estar más atentos a actitudes sospechosas, y no callarnos cuando algo huele mal. ¿Sirve de algo decir “yo sabía hace dos años”? Para reflexionar.

Trabajar en la música no solo es para sacarse fotitos para Instagram alardeando de tus logros, diciendo que te esforzaste como nadie más y dejando súper en claro que eres poco menos que el mejor amigo del artista que representas. Trabajamos con personas, eso conlleva responsabilidades, y una experiencia inolvidable no se crea solo a punta de canciones. Tenemos que velar por que todo el mundo se vaya feliz a su casa y eso se logra en un espacio seguro donde todos sabemos que las faltas de respeto tienen consecuencias.

Es verdad: los conciertos de música chilena se paran con equipos chicos donde hacemos de todo y varias cosas a la vez. Pero algo que no se puede transar es la seguridad. Fucho Cornejo (periodista y actual manager de Yorka) es una de las personas más decentes de este rubro y lo dijo mejor que yo: “queda pendiente cuánto se preocupa el artista por la gente que trabaja con ellos. Por saber quiénes son, cómo se relacionan y cuál es la imagen que están proyectando. ¿Van a dejar todo eso en manos de los managers? ¿En serio? ¿Se preocupa el artista de saber cómo están las relaciones al interior de su equipo de trabajo hoy?”.

En vista de los últimos acontecimientos, ya es obligatorio saber qué hacer cuando a un fan le pasa algo. No puede ser que si piden ayuda pasen del guardia al productor o manager, a algún técnico y nadie sepa qué respuesta dar. Necesitamos urgente estar a la altura de quienes acudan al llamado cuando algún día vuelvan las tocatas, y también para acompañar con acciones a las víctimas de acoso/abuso. Hace falta un poco de empatía para comprender la inmensa soledad de quienes hablan.

Funar es un acto que vives sobre todo contigo. Eres tú con tu cabeza y tu corazón reviviéndolo todo. Te sientes tal como te sentiste en ese entonces, por mucha terapia que hayas hecho. Aparecen recuerdos que se quedaron fuera del testimonio. No te puedes levantar de todo lo que duele. La sensación es como romperse por dentro. Y todo eso se afronta solo. Y aunque recibas cariño y respaldo de cercanos, si te toca enfrentar comentarios como el típico “por qué no habló antes” o un proceso judicial, sigues solo o sola.

Quienes cuentan sus historias no necesitan felicitaciones por lo valientes que fueron al hablar. Necesitan compañía y ayuda. Cualquiera puede repudiar o lamentar lo que ellos vivieron, pero no basta. ¿Las víctimas de Müller tienen abogado o necesitan otro apoyo legal? ¿Pueden acceder a un psicólogo? ¿Cómo podemos, los músicos y quienes trabajamos para ellos, ayudar de verdad? Quizás comunicarse con las víctimas y ofrecer contactos, datos, ponerse a disposición para ir a declarar a un eventual juicio…. No sé, ideas de esta cabecita loca. Escribir algo en las redes sociales y después salir en el diario no está siendo suficiente, tenemos que ser capaces de hacer más. Si trabajas en la música, este poncho es para ti. Hagámonos cargo.


Columna de opinión publicada en POTQ. Abril 2020.

Entrevista: Radio La Clave

“Este jueves 25 de abril comienza la edición número quince del festival de cine y documental musical In-Edit Chile y Fernando Paulsen conversó con Nino Aguilera, director del documental de Gepe y participante de la Competencia Nacional del certamen, y también con Pía Vargas, productora de la Competencia de Videoclips”

Abril 2019

DDLM: Pía Vargas o cómo ser maestra chasquilla de la música y no morir en el intento

Una pega fundamental para el crecimiento del trabajo de artistas y bandas es la de la difusión, a través de estrategias comunicacionales y la de producción de tocatas. Pía Vargas es una reconocida periodista en estas áreas y hablamos con ella sobre su experiencia, su presente y qué prevé del futuro.

Pía, 29, vive de lo más bien en un departamento muy cómodo cerca del metro U. Católica, pero cuando iba a la universidad tenía que ir de Maipú a Ñuñoa en una travesía diaria difícil de sosportar. La llegada del metro a su comuna le ayudó harto, eso sí.

La ariana (de signo Aries, como Luis Miguel) estudió Periodismo en el ICEI de la Universidad de Chile, pero no entró de una, sino que pasó dos años en Cine y Televisión ahí mismo. Si bien siente que le gustaba la carrera, que aprendía mucho y que estaba muy contenta estudiándola, ella no se veía trabajando en el rubro. De todas formas, aplica a diario lo que aprendió durante esos cuatro semestres y valora la  experiencia del trabajo en equipo que adquirió.

Durante su estadía en la casa de estudios de Macul con Grecia, Pía pasó por la revista Bello Público, por la Radio de la Universidad de Chile y colaboró un tiempo en POTQ.net. Además, fue -y sigue siendo- parte del equipo de lavitrola.cl, hizo su práctica en el sello nacional Quemasucabeza (QSC), donde se quedó trabajando por más de cinco años, y ahora encabeza Club de Amigos, su empresa, si se quiere, de servicios comunicacionales. Hace poco, también, se unió a MUCHACHA, la red de trabajadoras de la música.

La periodista dice no echar de menos escribir o trabajar en medios. Lo primero porque, aunque en la Escuela le iba bien y le gustaba, ha perdido el ritmo, pero al mismo tiempo ha aumentado su experiencia en otras áreas, pero de todas formas afirma que algún día le gustaría producir en radio. Lo segundo porque “de alguna forma cacho que no es para mí”.

(En QSC) Fueron años increíbles… saqué grandes amigos, experiencias, historias… muchas historias, y amigos sobre todo. Con quienes sigo en contacto.

Queen P, como se tiene en su bio de Twitter, recuerda que llegó a Quemasucabeza tras los siete meses que estuvo sin clases por la movilización del 2011, y asegura, con orgullo, que “lo haría todo de nuevo, de hecho, estaría en paro ocho meses”. Al momento de decidir dónde iba a hacer la práctica, contrastó los costos y beneficios de hacerla en el sello de Gepe y Pedropiedra y trabajar a lo largo del año y “estar pa la cagá”, pero decidió en “medio minuto”, enviar su currículum y probar suerte. Y ya sabemos cómo le fue.

Mientras tomaba tecito con la taza de Gepe que su mamá le compró pa’l concierto en el Movistar Arena, Pía me contaba que en los cinco años y medio que estuvo en el sello, hizo amistades que aún mantiene, que el ambiente entre los miembros del equipo era bacán y que, mirando en retrospectiva, no entiende cómo podían huevear tanto y trabajar al mismo tiempo. La periodista pudo viajar a distintas ciudades,  como a México para el Neutral, hacer distintas pegas y nutrirse de la experiencia que la gran cantidad de gente que conoció durante ese proceso le compartió.

Sin embargo, después de un rato, decidió tomar sus cosas e irse de la casa discográfica que también tiene entre sus filas a Prehistöricos y Niños del Cerro. Las razones de mayor peso tienen que ver con el desarrollo personal propio de Pía, el desgaste y con cómo se sentía en relación al labor que hacía dentro de Quemasú: “Llega un momento, que yo siento que a todos nos pasa, en que uno va sintiendo que ya no puede aportar más. Que ya no eri necesario, que las dinámicas de la pega van cambiando, y como que no hay un lugar para ti”.

“Con toda la cantidad de años que llevaba, ya me estaba estancando, ¿cachai? Yo y mis labores dentro del sello. […] De repente tus aspiraciones van cambiando y, si tú sientes y ves que ya no hacís falta, está bueno pensar ‘¿Qué estoy haciendo acá?’”

Tras dejar el sello -que este 2018 cumple veinte años-, Pía creó Club de Amigos como algo en lo que trabajaría mientras conseguía una pega estable. Al fin y al cabo, CDA era sólo un nombre bajo el que podía moverse entre pitutos. Pero, con el paso del tiempo, el Club se afianzó y terminó siendo su trabajo definitivo. La santiaguina afirma, a casi un año de independizarse, que “no quiero tener jefe nunca más en la vida”.

La fundadora de Club de Amigos se siente “agradecida y bendecida de tener algo que no mucha gente tiene. Estoy llevando mi proyecto, puedo vivir sola, tengo pa’ comer todos los días”, a pesar de los cambios que ha tenido su vida debido a la adopción de esta forma de trabajo. “Créeme que los primeros tres, cuatro meses me pasaba que era fin de mes y ‘ya, ¡mi sueld-no!’… La plata te puede llegar en cualquier momento o puede no llegar”, confiesa.

Si bien no puede planear mucho lo que pasará en el futuro con el CDA, sí proyecta la continuidad del Club y revela que le gustaría trabajar con artistas más grandes, en producciones mayores, o en distintos frentes de la cultura, como la comedia o en festivales. Pía es clara en decir que ella se considera como una “maestra chasquilla de la música”, ella puede acompañar al artista en un meet and greet, en el backstage, como prensa. “No se me cae la corona si tengo que servir un catering”, dice Queen P.

Suele ocurrir que el trabajo de gestión se relaciona a las mujeres y el de la producción técnica a los hombres y para Pía esto se da porque aún se opera en base a estereotipos.  “La pega técnica se asocia a los hombres porque la asociamos a la fuerza física, cargar, montar, poner equipos. Y por el otro lado de estas ideas preconcebidas, en la pega de gestión operan las habilidades blandas, que se asocian a nosotras las mujeres”, reflexiona.

La pretensión más importante de Pía en el CDA, es que siga siendo considerada, que siga vigente. No pretende tener plata para arrendar su propia oficina o tener merch del Club, la periodista está bien trabajando desde su casa, yendo a reuniones con su tarjeta, su timbre y siendo modesta, al final.

“Esa cuestión de que una es ‘mamánager’, una es maternal, una es simpática, una es bonita, (…) que una vela por los músicos. Una contiene. Eso es lo que opera”

La periodista ha vivido visto en muchas ocasiones cómo entre técnicos hombres, el del local y el de la banda, compiten por quién sabe más y cómo se rehúsan a ceder en los desacuerdos que tienen. “Tú cachai que los men apañándose en todo, pero no en ese mundillo que no opera la solidaridad a toda prueba, que tienen hasta en las cosas más indefendibles, imagínate lo que es para una mujer meterse en ese mundo. Para mí ellas son las más admiradas, la Caro (Pérez), la Vicky Cordero, la Felicia (Morales), y siento que se me va alguien más…”

La red de trabajadoras de la música, MUCHACHA, tiene entre sus filas a nuestra protagonista y, en compañía de docenas de discos y libros que se apilan en los estantes y muebles de su living, nos cuenta que lo hizo porque cree mucho en “organizar la rabia”, en movilizarse y apoyar las causas en las que ella cree. Sobre todo después de que se “destapara la olla” de los abusos y la violencia que ocurría dentro del movimiento musical independiente en Chile con una gran cantidad de bandas, solistas y amistades relacionadas.

“Yo lo hice para cortar la impunidad. (…) Yo sentí en mis manos la posibilidad de que se supiera”.

La misma Pía fue partícipe de la denuncia en el reportaje publicado por POTQ a finales del año 2017, hoy, a más de ocho meses, relata que el proceso posterior a ver publicado su testimonio fue horrible. No podía creer que lo había hecho, que había hablado, se estaba yendo a un hoyo. De todas formas, afirma con seguridad que “siempre tuve la certeza de que había hecho lo correcto” y que, al hacerlo, recordó episodios violentos que había vivido, pero no tenía en mente al momento de hablar.

Con el paso de los días, eso sí, comenzó a sentirse mejor, estaba peleando contra la impunidad. Entendía, también, que la finalización de algunos proyectos fuera algo difícil o triste, pero explica la solución de manera muy simple: “Si tú tocai batería, ándate a tocar con gente que no abuse. No es el fin del mundo”. Pía, al final, reconoce que se siente liviana, más segura y agradece el haber creado lazos, tras hacer la denuncia, con mujeres que han pasado por situaciones similares.

En un principio, se unió a la Red ofreciendo ayuda para lo que fuera, encargarse de redes sociales, enviar mails o lo que se necesitase. Ahora, después de varias reuniones, Pía dice que, dependiendo del proyecto que MUCHACHA tenga en frente, se encarga de una parte específica del trabajo y así trata de levantar las ideas que la Red tenga.

Actualmente, el grupo está trabajando para crear un “Protocolo Contra el Acoso y la Violencia en Conciertos”, primero, en la redacción y luego en la difusión del mismo. La idea es llegar a los productores más chicos y a los más grandes, capacitarlos en pos de que entiendan el acoso y la violencia como un tema de seguridad. Así ellos podrán garantizarlo al público. “Que se hagan responsables de esto, es un problema que pasa y sepan qué ofrecer. Si se te acerca alguien, saber cómo la oriento, cómo la contengo a esta persona”.

La periodista dice que el proyecto va hacia los dos lados: “Que el público entienda que está dentro de sus derechos” y que conozcan estos mismos. “Qué tengo que pedir, a qué tengo derecho: a pedir que me cambien de lugar, a pedir que echen a la persona que me acosó, una serie de cosas”, agrega.

“Está en mi derecho ir a un concierto (…) y que no me violenten, que no me toqueteen, mientras disfruto del espectáculo”

Durante el primer semestre de este año, brotó una fuerte movilización feminista en distintos recintos educacionales a lo largo de todo el país. Universidades y liceos se abanderaban en contra de la educación sexista, de la impunidad de los abusadores y de las lógicas machistas que reproduce el sistema educativo en Chile. Al compararlo con el movimiento estudiantil que vivió Pía el 2011, siendo estudiante universitaria, se da cuenta que estos temas no se tomaban en cuenta. Las demandas de ese entonces no consideraban que, para las alumnas, ejercer su derecho de ir a clases, ir a estudiar, era peligroso.

La periodista “apoya y celebra que esto sea tema” y hace un llamado a salir del colegio mental, como parafraseó a Oscar Contardo, porque tal como ocurría en el colegio, “si tú te mandabas una cagá, te echaban. ¿Qué hacer para que no te echen? No mandarte cagás. Listo”. Apoya la idea de crear oficinas encargadas de regular los protocolos, las normativas y los reglamentos en las instituciones, para así educar, porque, según ella, “todo empieza y termina en la educación”.

Hablando de educación, no podemos dejar pasar el tópico Jorge González en la vida de Pía. La tesis que hizo para optar al título de Periodista es sobre él, a quien define como uno de los compositores más importantes del país, junto a Victor Jara y Violeta Parra, que son la “Santísima Trinidad”. Para ella, el otrora vocalista de Los Prisioneros, “vive en el alma de Chile” y es su ídolo y “la razón por la cual estoy trabajo en la música”. Pía cree que si no fuera por la pega que ellos hicieron, hoy no habría una escena pop y que “se lo debemos todo a Jorge González y Los Prisioneros”.

* Entrevista para Francisco Guerra / Picnictv.cl
* Foto por Rosario Oddó.

Mujeres que hacen ruido #7: Pía Vargas

Foto por Fruti Valenzuela

Pía Vargas es periodista y, definitivamente, una de las mujeres más trabajadoras que he tenido la suerte de conocer. Actualmente, es Jefa de Comunicaciones del sello Quemasucabeza y también es la encargada de prensa de otros proyectos, de forma independiente. Pituto kween. Por otra parte, es parte de La Vitrola, uno de los proyectos más bonitos que existen en torno a la música en Chile.

Este próximo jueves 9 de marzo a las tres de la tarde, Pía Vargas junto a Natisú y Francisca Valenzuela realizará el taller “Autogestión de un proyecto musical independiente”, en el marco de las actividades de Ruidosa. Como una previa a esta actividad, Pía contestó algunas preguntas para Es Mi Fiesta:

— ¿Cuál fue el último libro que disfrutaste mucho?
“Te Daba por Muerto”, de Pete Nelson. Es un regalo que me hizo mi querida amiga Citlalli, de México, y me demoré varios meses en leerlo porque tenía otras lecturas pendientes y le hago poco a la ficción. Es un libro para reflexionar sobre varios temas que, en estos momentos de mi vida considero cruciales: las relaciones en una familia en crisis por la enfermedad del papá, un triángulo amoroso, los fracasos y frustraciones del protagonista, que está lejos de ser un bacán, y los esfuerzos que él hace por arreglar su vida, y sobre todo, su vínculo con su mascota Stella (una perra que está muy viejita) y lo que significa aprender a dejar ir a quienes uno quiere. Si pueden, léanlo. Tiene mi sello de calidad.

—Sailor Scout favorita. Justifique.
Sailor Mars, porque soy Aries, el rojo es uno de mis colores favoritos y porque ella siempre demostró carácter, fuerza y entereza, por eso me parecía muy inspiradora. Y me conquistó en su primera aparición en la serie, cuando Serena la presentó como alguien “un poco temperamental”. Eso me identificó a full, jajaja.

—¿Cómo fue la primera vez que te emborrachaste?
Fue muy ridículo y chistoso. Fue en el cumpleaños de una amiga de una tía mía (Luzma, que tiene dos años más que yo). Su amiga Carmen cumplía 16, y yo tenía 13. Andábamos juntas en el carrete y yo tenía “prohibido” tomar, pero claramente desobedecí y me caí a la pilsen y al pisco sour, azuzada por la misma Carmen. No recuerdo si vomité (fijo que sí), pero sí sé que estaba como tagua y no cachaba. En el camino a la casa íbamos en la camioneta de mi Tata, yo callada y tratando de pasar piola, pero cuando llegamos, la señora de mi Tata (mamá de Luzma) me empezó a preguntar de qué se trataban unos libros de Fuguet que tenían en la biblioteca. Ahí cagó todo, me largué a hablar de esos libros, del colegio, etc, y aunque no me dijeron nada por la pura cara que me pusieron supe que me cacharon. Nunca hemos hablado del tema, menos mal.

—¿Cuál mujer creadora es la que más te inspira y por qué?
Después de darle muchas vueltas a esta pregunta, mi corazón me habló y me dijo: Madonna. Si tengo clara la importancia de expresarme, de descubrir quién soy y asumirme y quererme es gracias a ella. Soy fanática de sus canciones y también la admiro como la pionera que es. Madonna ha creado música e imagen, con su arte ella ha animado a millones a no tenerle miedo a nadie. Y, considerando el mundo horrible en el que vivimos, reconozco que hacer eso y mantenerte firme en tus ideas durante décadas es algo muy grande.

—¿Cuál fue el último disco que no podías dejar de escuchar?
El soundtrack de “Purple Rain” de Prince. Tengo el CD porque se lo compré hace unos años al DJ Dementira, y durante varias semanas lo escuchaba todos los días mientras tomaba desayuno y hacía aseo. Ahora que Prince está en Spotify lo escucho en esa plataforma, para dejar que el disco descanse un ratito.

—¿Qué tienes en tu velador?
Un estuche con mis ahorros: $0.

—¿En qué momento notas que lo que estás haciendo va por buen camino?
Creo que sería un poco patudo decir que estoy creando algo, porque yo no invento nada, sino que promociono lo que otros y otras han creado, y que eso tenga la difusión y el desarrollo que se merece. Pero sí puedo responder por mi trabajo, y es cuando todo va fluyendo y las cosas pasan de acuerdo a lo que planifiqué, cuando tengo las respuestas que necesito y sobre todo, cuando se agotan las entradas de los conciertos y todo sale perfecto. Mi momento favorito de cualquier actividad en la que participo (show, firma de discos, etc) es cuando se acerca el final y estoy con mis amigos del sello, riéndonos de cualquier cosa y diciendo “wena men, la volvimos a hacer”.

—¿Britney o Christina? Justifique.
Christina. Primero, porque soy fanática de los vozarrones y en la batalla del canto Christina le saca la cresta a Britney. Pero sobre todo, es porque si comparo los discos debut de cada una, siempre he creído que “…Baby One More Time” tiene tremendos e históricos singles, pero también tiene cosas que considero horribles, como “E-Mail my Heart” o “The Beat Goes On”. En cambio el de Christina es bueno entero, ninguna canción sobra. Todas, incluso las que no fueron singles, son espectaculares: tiene cosas muy sensuales, baladas hermosas, etc. Cosas muy bien hechas. Y por último, recuerdo cuando Britney le decía a todo el mundo que era virgen y Christina salió haciendo “Lady Marmalade” y diciendo “yo no soy ninguna virgen”, y su abuela se enojó con ella. Cuando supe eso pensé algo como “oye qué atrevía, me cae bien”.

—¿Cuál crees que es tu misión o la misión de tu trabajo? ¿Crees que tienes o tiene alguna?
Trato de no pensar mucho en eso. Quiero decir: lo que intento es no pensar en “qué-tan-importante-es-que-Pía-Vargas-haga-X-pega”, sino que procuro enfocarme en cómo puedo ayudar a la gente con la que estoy trabajando. Gente que lleva una década o más bancándoselas todas y luchando por su proyecto, que son buenos artistas y que nos hemos hecho amigos. Digo todo esto porque entiendo la pregunta como “la importancia de lo que YO hago”, y yo sencillamente vengo todos los días a dar cara a la oficina a sacar adelante todo lo que estamos haciendo. No me creo especial por eso, lo hago y lo alumbro lo menos posible porque quiero que el trabajo hable solo. Creo que si una se esfuerza y trabaja bien, eso se sabe y así se presentan oportunidades, como de estar en Ruidosa, por ejemplo.

Sé que soy parte de un equipo que ha asumido la misión es crear espacios, es ayudar a que músicos maravillosos no se queden en el camino, a que gracias a sus músicos Chile sea menos penca. Pero insisto, pienso en esto ahora que me lo preguntan. Yo trabajo no más y prefiero tener los pies en la tierra y no distraerme. Que otros opinen, y ojalá disfruten con lo que una hace (una y otras grandes personas).

—¿De qué forma alentarías a una mujer joven a meterse a trabajar en la música?
Le diría que si es lo que siempre ha soñado, que busque las oportunidades o se las invente. Como sea, pero que lo haga, porque tenemos que ser más cabras poniendo el hombro en las producciones, ya sea de conciertos, de agendas de prensa, en lo técnico (ahí sobre todo, por favor). Por cada mujer que se meta a trabajar en la música, se van abriendo espacios para nosotras y nuestras voces se van a escuchar más fuerte, y eso es justamente lo que necesitamos: la experiencia y el punto de vista femenino para hacer las cosas de forma más ordenada y profesional. Yo le tengo toda la fe a la eficiencia de una mujer.

Y por último, le compartiría algo que pienso muy seguido pero que nunca digo: que a pesar de un montón de frustraciones, de la poca seriedad y desidia que tantas veces se ve, es posible crear lazos con grandes compañeros y compañeras que se terminan convirtiendo en amigos de verdad, y que se pasa bacán.

—¿Cuál es el mejor consejo que te ha dado tu madre?
Que “la paciencia es una gran virtud”. Sigo siendo muy impaciente pero lucho contra eso, y sé que lo que tiene que llegar, va a llegar si sé esperar y trabajo por eso. Esto lo aplico a todo, desde oportunidades laborales hasta los chiquillos que me gustan.

—Si Michelle Bachelet te invita a tomar a tomar en un bar de Pío Nono ¿qué te gustaría decirle mientras se bajan una chela de litro?
Le diría lo siguiente: “Presidenta, yo sé que tener una familia es más difícil que la chucha. Sin ser madre, empatizo profundamente con usted como mujer, porque solo por ser mujer puedo adivinar el esfuerzo que ha hecho durante toda su vida por darles lo mejor a sus hijos. Pero puta, una hace lo que más puede por ellos, pero también por crecer personal y profesionalmente para así tener mejores oportunidades de pega, para que a ellos no les falte nada, pero como la responsabilidad de criar recae en una, estudiar y trabajar es una tarea gigante y hay que sacrificar mucho para cumplir con todo y para que más encima, la sociedad no nos huevee, porque si no eres multimujer, no vales. Las cosas se salen de control y una a veces simplemente no puede evitar que los hijos pierdan el rumbo, que se manden cagás, que caguen a otras personas, que se peleen entre ellos y cuánta cosa más. Usted, como muchas mamás de Chile, lo hizo sola. Lo dio todo, quédese con eso”. (Para entender por qué respondo esto, por favor leer esto).

Publicado en EsmifiestaMag. Marzo 2017.
Entrevista por Javiera Tapia.